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Mostrando entradas de enero, 2014

La voluntad del pueblo y la doctrina social de la Iglesia

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Los que han de gobernar los Estados pueden ser elegidos, en determinadas circunstancias, por la voluntad y juicio de la multitud, sin que la doctrina católica se oponga o contradiga esta elección. Con esta elección se designa el gobernante, pero no se confieren los derechos del poder. Ni se entrega el poder como un mandato, sino que se establece la persona que lo ha de ejercer. 
No hay razón para que la Iglesia desapruebe el gobierno de un solo hombre o de muchos, con tal que ese gobierno sea justo y atienda a la común utilidad. Por lo cual, salvada la justicia, no está prohibida a los pueblos la adopción de aquel sistema de gobierno que sea más apto y conveniente a su manera de ser o a las instituciones y costumbres de sus mayores.
El poder viene de Dios
Pero en lo tocante al origen del poder político, la Iglesia enseña rectamente que el poder viene de Dios. Así lo encuentra la Iglesia claramente atestiguado en las Sagradas Escrituras y en los monumentos de la antigüedad cristiana. Pero…

Reconducir a todos hacia Cristo

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Estamos llamados a “reparar el Corazón de Cristo”, es decir, a la tarea de reconducir, reorientar hacia él, a su Corazón, a toda la humanidad; a colaborar en la misión de recapitular, reasumir toda la Creación en ese centro al que son atraídas todas las cosas y donde culminan en último término: el Corazón de Cristo, el Corazón de Dios. Y en este proceso, nada queda fuera. Cada uno de nosotros, la entera humanidad, la historia, la creación… todo lo herido sangra desde el Corazón del mundo, en el Corazón de Cristo, en el Corazón de Dios. La praxis de “la reparación al Corazón de Jesús”, el deseo de reparar el Corazón de Cristo, permite entonces pensar en un mundo reparado y comprometerse a fondo con él, y hacerlo “en Cristo y desde Cristo”.
Hna. Nurya Martínez-Gayol Fernández, ACI

Formación sobre la Espiritualidad del SAGRADO CORAZÓN

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